¿Qué tiene el pistacho que lo hace tan atractivo?
Este pequeño fruto verde ha conquistado muchas más cosas que la cocina:
- Su color vibrante es símbolo de frescura, sostenibilidad, naturaleza y buen gusto.
- Su sabor complejo mezcla matices dulces y tostados que lo hacen irresistible en repostería, helados y cremas.
- Su asociación con lo premium lo ha llevado a protagonizar postres de autor, cosméticos naturales y, ahora, perfumes virales.
En una época donde lo sensorial se mezcla con lo emocional, el pistacho despierta una conexión curiosa: evoca lo artesanal, lo auténtico y también lo exótico. No extraña que las marcas lo quieran en su catálogo de olores.
El caso Mercadona: cuando el pistacho se vuelve viral
La colonia lanzada por Mercadona bajo su marca Deliplus es una reinterpretación low-cost de la famosa Cheirosa 62 de Sol de Janeiro, un body mist brasileño de casi 40 €.
Con notas de pistacho, caramelo, vainilla y crema, ha generado todo tipo de reacciones: desde auténticas fans que dicen que huele “a verano y postre” hasta escépticas que no encuentran el pistacho por ninguna parte.
Lo interesante es cómo un simple aroma ha generado cientos de vídeos en TikTok, reseñas, memes y debates. Todo esto por 4 €.
Y en el fondo, lo que late tras esta tendencia es una revalorización del pistacho como símbolo sensorial.

El pistacho como tendencia más allá del alimento
Más allá del consumo directo, el pistacho se está colando en:
- Pastelería y heladería gourmet (incluyendo el famoso “helado de pistacho real”).
- Productos cosméticos, por su aceite rico en vitamina E y su aroma agradable.
- Diseño y decoración, donde el color pistacho ha ganado presencia por su tono natural y reconfortante.
El auge del perfume de Mercadona es solo la punta del iceberg de una estética pistacho que conecta con las nuevas generaciones: sostenible, sabrosa, sensorial.
¿Y si esto ayuda al campo?
Vale, quizá la colonia de Mercadona no use pistachos reales. Pero no deja de ser una oportunidad para que el consumidor conecte más con este producto.
Desde Ródenas Projects, como pequeños productores ecológicos de pistacho, observamos con curiosidad esta fiebre por el olor del fruto.
Y no podemos evitar preguntarnos:
- ¿No es buen momento para hablar más de los productores reales?
- ¿Podría el auge del pistacho como aroma llevar también a mayor interés por el cultivo, la trazabilidad o la agricultura de calidad?
Agricultura, marketing y sensaciones: una conexión inesperada
Este fenómeno nos lleva a una reflexión mayor: ¿por qué el consumidor conecta tanto con algo como “pistacho” incluso cuando no está presente realmente en el producto?
La respuesta está en el poder del marketing sensorial:
- Decimos “pistacho” y pensamos en algo sabroso, cremoso, verde, natural.
- El término despierta recuerdos de meriendas, postres y también de naturaleza y campo.
Por eso funciona. Porque el pistacho no es solo un fruto seco: es una idea. Y el marketing moderno lo sabe explotar muy bien.
¿Moda pasajera o tendencia en alza?
No es la primera vez que un ingrediente salta de la despensa a la cosmética. Lo hemos visto con:
- El aceite de coco
- El aguacate
- El té verde
- El karité
Pero el pistacho tiene algo distinto: una carga emocional y visual más potente.
Y si a eso le sumamos que la producción nacional está creciendo, que cada vez hay más interés por productos ecológicos y locales, y que el consumidor busca experiencias multisensoriales… es probable que el pistacho tenga recorrido.
En Ródenas Projects cultivamos pistachos ecológicos en pleno corazón de La Manchuela, en Albacete.
No vendemos colonias. Pero sí sabemos lo que es el aroma real de un pistacho recién recolectado, lo que cuesta mimar cada árbol, y lo diferente que sabe un fruto cuando viene de un cultivo respetuoso con la tierra.
Nos encanta que la gente hable del pistacho, aunque sea por una colonia de supermercado. Y si eso ayuda a que más personas descubran el sabor verdadero de un pistacho bien hecho, mucho mejor.
Conclusión: el pistacho se reinventa (y nos hace sonreír)
El éxito de Pistacho Cream es un reflejo de algo más grande: el pistacho se ha vuelto un símbolo emocional y cultural.
Una moda divertida, sí. Pero también una oportunidad para seguir contando qué hay detrás del fruto: campo, esfuerzo, sabor, salud… y hasta perfume.
Porque si un pistacho puede ser snack, aceite, color, postre y ahora colonia… ¿quién sabe qué será lo próximo?










